Rauli

Koán

I

Mantengo un secreto vivo habitando de niño. Suenan tambores dorados que despiertan pájaros en temporada de lluvia. En el grito volando amenazante entre la fertilidad, inocente, fecunda. Todo depende de un brillo imperceptible, palpitante danza en ondas, colores y formas. Cubre de un manto emanando casi ausente en la memoria,  el lenguaje de lo invisible en los elementos.

Visualizo enemigos como maestros, conjurando fórmulas para colocar a prueba lo inclaudicable. Aterradores espectros desafían la naturaleza. Bhutas, Pretas, Pramathas, Guhyakas, Pisacas, Kusmandas, Vetalas, Vinayakas, Brahma-raksasas. Residentes de los sumidos completamente en el materialismo.

Conflictos del drama humano, lánguidos velos entre máscaras y ornamentos. Hipnosis de pensamiento en pensamiento, diluyendo libertades o espontáneos rupturistas del silencio. Van quedando desplazados y buscan refugio en la mente, hablan, observando ideas pasar, como habitantes en soledad, en la soledad mental ya contenida. Se enfrentan con bregas de apego a lo transitorio. Diferenciando con carreras de ingenio, lo uno de lo otro.

La luz es una lámpara que todo lo manifiesta, se extienden caminos, se pierden inescrutables en las partículas de lo inmediato. Antes del borde  cortante de un precipicio barroco, el giro cíclico, el retorno, metáfora que nada abandona. Otra dimensión es el lapsus, como si morir fuera algo, un descansar en la espera, detenido sin miramientos de imposibilidad, entregado completamente a un nombre, a una identidad, que reniega de olvido.

Menester es manejar la palabra como un disparo exacto, porque se derriban cuerpos en la antigua cacería del poder. Otras formas sutiles también ocasionan el desespero, la turbulencia como pasatiempo sin asombro. La audiencia se alimenta de sangre y no se acaba el circo. Liberar desean sus pueblos indómitos, despertar en el centro de peor barbarie ¿para qué? Si no se ha mirado atrás, aún.

Reivindicar es una palabra de guerra, de lo tribal que se esconde en la montaña, en lo espeso del bosque, la gruta, caminando senderos de piedra, con la volea a la cintura, bajo un manto multicolor. No hay imperio a quien acudir en las cuatro direcciones del viento. Por eso sube el humo de hojas, hierbas, troncos de árbol. La razón tiene límites, las lenguas, los dialectos resuelven palabras. Pero se abrigan otras necesidades en los corazones.

Suena una caracola Drona, en la pobreza de un pastor de yaks,  su sonido sacude el cielo y la tierra, espantando a los enemigos del Dharma. Suena el Dung en lo alto de una aldea del Himalaya para saciar espíritus y demonios hambrientos en las cadenas del ego. Suena la voz profunda OM en el techo del mundo para que pueda ser escuchada equilibrando y desbloqueando el ser.

El Lama dice que son como maestros en nuestro camino!, no es una cuestión de palabras, el gran sexto patriarca Hui Neng analfabeto era, semejante a un arroyo cuyas aguas son a veces cristalinas y a veces turbias, cuyo fluir es a veces liso y a veces abrupto. Pero que no se confina a la mente de un capullo tejido por  pensamientos. De una escritura que está hecha para despertar a la realidad. Afán subsidiario de otros objetivos que competen a mi naturaleza.

II

Una mesa de piedra, en altura, se esconde a los ojos de la planicie. Gentiles antiguos observadores de las estrellas interpretan condiciones de la naturaleza viva, movimientos de geometría materna en el ecuador celeste. Animales siderales sobre las montañas, paren fulminantes rayos de la profundidad en el cielo. ¡Te he venido a esperar!, rey de solsticio entre mis brazos, manos de greda natural, en tierra.

Quién soy, quién dejé de ser, en lo creado de un vínculo en el tiempo. Las señales son crípticas, indescifrables crónicas del sueño. Aprendo de este idioma para llegar a lo que va quedando grabado cual designio astrológico en los días. No he pasado por alto los defectos evidentes, oblación de sangre en la lengua, en el sexo. Alfabeto de tumbas como puertas de templo.

Espíritu de la montaña, limpio mi cabeza con sal de mar para que se extiendan espirales blancos. Un día salí caminando hasta tu cima, donde se filtran aguas, se filtran nieves. Llevo tu título inmerecido al desconcierto de las gentes. Malkhu gigante sobrenatural. Una anciana cuida tu hierba, vestigios de tu sabia. No hay otro habitante  en la ladera, encaminando rebaños, con sonidos de Tarka, abriendo portales.

Hice un círculo en la cumbre, marque las direcciones del firmamento. Volveré a subir, donde sea que te vea salvaje en el aire sin materia. He aprendido cantos en otras lenguas, para liberar la mente. Cuando se suceden a miles y miles los años, en este tiempo diminuto, se fuga una última claridad, a media luz. He disipado el temor.

Dejé una semilla elegida en el centro de una fruta madura, partida entre hojas de planta y agua. Un báculo me sostuvo por armonía. Raíz de mi piel, que se habría paso absorbiendo círculos levitando extraviados en cavernas, de refugios antiguos, grutas, montes. Círculos flotantes, sin rostro, observan. Lo que al deseo le parece aún posible, confinando.

Desperté una mañana con presidiarios del pensamiento. Clavando la imágen en los ojos mentales. Paisaje perdido de un Ayllu enterrado. Montículos de ruinas desconsoladas,  en velos de camuflaje polvoriento, soplando, tronando, en la inclinación de un cerro negro.  A mi alrededor cruces caídas, arquetípicas se sostenían mitificadas entre las piedras que sobreviven en su forma. Sepia difuminado del viento que no habla espesores, sino brillos cortantes, de un espacio olvidado en el umbral.

Qué significa la  presencia de lo que ya no es, mientras observo como arrastra el viento ideas que se abren paso silbando conmiseración. Yo soy Namaste, fugas de luz, en lo alto una mesa en ruinas de tesoro ritual. Piedras con reminiscentes tintas en dibujo. En un desierto habitando como  significado.

Te abandono  cuadro heroico, a tus pies de gigante duerme un cuerpo de imperio sobrecogido.   Traslado a otro territorio  rincón del tiempo, la mente en el alma.

III

¿Es mi palabra una tempestad de arrebato súbito?, ¿es mi palabra una metamorfosis impredecible?. O sólo letras que caminando los acantilados de tus ojos lunares, caen extinguiendo antorchas del nombre que se extravió en los días. Soplan silencios que te desvelan observando la noche interminable. Es el recuerdo de un enemigo ficticio que ha bajado de la montaña, es el recuerdo del olvido supuesto que ha subido de los mares. Como invocación golpea las puertas de tu pecho, violento quema tu ágata. Arden hojas de un gran árbol en la bastedad.

¿Reconoces cómo gime el espíritu?, ¿sondeas la profundidad? Entre los dos hay una distancia de muerte, profecía trágica en lo recíproco. Poderosa naturaleza de mujer. Observas persianas grises con un loto blanco en la imaginación. Combates sentencias que también derribo con malabares de palabras. Obnubilada en la extrañeza de una hazaña anterior. Se estiran líneas con vientos deformes, se arremolinan, prófugas de unas manos que son puentes hacia otro lugar.

Me haces pasar por muerto y me llamas, incluso muerto en el pensamiento, me llamas con un nombre. Lo único que queda en la memoria. Sucede que salgo de lo eterno, el invierno se acaba, la sombra no cubre todos los rincones de la casa. Dramática sala oscura donde se hablan cualidades de la luz. Suenan campanas, ¿Cuál es la diferencia entre mi cuerpo muerto y el tuyo? Es verdad, me levanto, pero la vida no continúa simplemente. Lenta es la muerte en la memoria.

Las imágenes se suceden como hojas que cortan la piel. Afuera el viento agudo atraviesa, como un grito, mares que traen la espuma borrando en la arena caminos que ya no aparecen. Soy este movimiento que se detiene en la visión de tu profundo interés. Creativa atracción de tu brillo carmesí, matiz dorado de fina textura. No faltes a nuestra cita, acuarela del Asia.

Te incendio cada noche, cada mañana. Luciérnaga en el relámpago. Oh si eres la fantasía, la extrañeza de la sangre desde que mordí tus labios. Me atrapas en la materia, Dakini Khandroma, lates salvaje con ansias depredando la conciencia. Triforme incubas mundos y dejas lutos como enigmas de epifanía. Te observo desde el firmamento, aparear con espasmos de alas epilépticas. Lo bello queda oculto, cambian de piel tus ojos multifacéticos. Mantis en celo, huelo tu carne y comes mi cabeza, lentamente.

La vista es arrobadora en la soberbia de lo que existe. Ciego, en mi recuerdo habitan geometrías de la forma. Mapas que sortean el horizonte entre tus piernas. Dulce abismo, afilado, doloroso torbellino que flagela y purifica. Generosa castigas con la seda de tu alabastro perfumado, translúcido. En ansias floreces criatura placentera, dame tu felicidad Ménade.

Me sobrecoge el ánimo tu holocausto. Libélula sangrienta, conjuras  los elementos, justificando la necesidad en el porvenir. Sucede que sucumbo ante el deseo, la pertenencia. Pericia de palabras que se enfrentan, rey de espadas que coges en la baraja sádica. Es el viento lo que arremete en disparos de instantáneas. Es el tiempo un ser deforme, permeable, inexistente. ¡Elévate Shakti!, deja esa mano fría que entrelazas y sube en tu fuego Merkaba.

Dejas caer manzanas multicolores en la prismática de tu fertilidad y brotas rasgando telas de tejido humano. Te transformo en completa maestría Jñāna , volátil musa de lo insustancial. Me perturbas, atravesando el espacio. Sinuosa bailarina del cielo. Lates en lo que se manifiesta. Sutileza desnuda de la mente. Es verdad,  luchas serena cuando duerme en tu ceno la semilla de mi lenguaje olvidado.

(fragmento)

Rauli

Apocalípticas del sueño

muzderauli.wordpress.com

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