Rauli

Ignición

I

Sufro de insuficiencia intuitiva, de carácter utópico en la forma irrealizable. Oh! Arte dramática, ilusión sustitutiva de lo inmaterial en la palabra. Sin afán de pensamiento o predicción. Te preparo para la muerte, con la imagen viva que  doblega la tensión psíquica de tu encanto, del cual no me libero. ¿Qué es lo que reverencio hasta el temor, si permaneces inalterable?, nos acecha violentamente el peligro, la enfermedad, el fin que no estremece, el fracaso de las consideraciones filosóficas.

No renuncia en mí lo severo, a cambio de maneras o estereotipos. Aún sin retratar absolutamente la ausencia,  abrazo el júbilo de la juventud, festejando en los ojos. Porque conocer es otro camino, de palabras como clavos martillados hasta el fondo. Que se olvidan y que poco importan.

Preciso buscar fuera del misterio, fuera de la impostura. La experiencia universal que fundamentalmente nos falta. Y a la cual nos acercamos lentamente, casi reptantes. Dibujo líneas que se alteran con lo medular expuesto, en un breve espacio, vulnerable, que ya no está.

Dime si perdura la levitud, o el silencio, cuando nace  en el vuelo que se escapa del pecho estremeciendo. Con brillos de paisajes, cuando el agua cae, golpea, se levanta.

Cómo saber si estas viva o muerta, si despiertas a la naturaleza, como nunca hasta entonces en mi imaginación vacía.

En última y violenta libertad contra tu imagen inexorable, traspaso la melancolía insensata, porque desde algún lugar escucho un victorioso sí, que pinta una luz  al final de un destino, distinto en cada ocasión.

II

Son tus ojos dos fotografías de una sutileza quebrantada. Persistentes destellos que no se extinguen en la oscuridad. En cambio, la imagen inconmovible es la decadencia que no refleja nada. La hipocresía que no advierte, más que el margen  de una pulsión que no libera.

Mayor ímpetu es violencia; Encubar el deseo entre las manos, con grietas como ríos. Aludes de la desesperación, donde brota la impaciencia, húmeda, de una cascada que palpita.

No puede ser de otra manera, la desesperación. Algo queda, pero lo intangible ¿dónde va? Todo se ha perdido; una plegaria roja, inocente y magnífica. Un teatro blanco, flores azules, el halo de los labios, con polen suspendido sobre la lengua dulce y cálida, cuando expira.

Nuestro pensamiento es una posibilidad efímera. Una lluvia que disipa el peligro y los  detalles de las historias sin registro. Titiritero enemigo caótico es el miedo. Más trágico contra nosotros. Cae al fondo de la desnudez. ¡Arriba! Como un cielo, te llamo, sin que sea necesario entender el vértigo de mis ojos fulminantes. Profundidad que capturan deferentes mi sonido  lacerante y masculino.

No hay más detalle plateado o del mejor púrpura, que amanezca en la noche aparentando el día. Sino el ánimo viajando en tu piel. Entre las caras del mundo, en pleno conflicto. Con diademas de sangre, rastros de todos los muertos en la memoria.

Bésame antes de caer, porque la caída es de fuego y guerra. La última ilusión al final de la noche, cuando el recuerdo se extingue. ¿Qué podemos hacer? dejar de fingir, marcharse ante el fracaso de la plenitud. Acudir a la naturaleza, ajena a toda pasión y los diminutos destinos.

No podría ser de otra manera, mi primer y único sueño. Resultó otra vez… la eternidad, imperio de las luces.

III

Ante el derrotero de la simbología indescifrable. La simplicidad de tu belleza más bella, evasión. Tiendo a tu encanto, desnuda, amante, onírica. Hay una relación constitutiva en nuestro imaginario, cortinas de luz en medio de los cuerpos. Sin timbres de voz, extintos en la memoria.

Haz tenido una revelación que se compara al designio de lirios blancos, cerise, thulian. Dame un sueño lejos de la tristeza aproximativa, el apocalipsis o la certeza.

Es mi mano abierta flamea un ¡Ahora! sin conspiratorios oráculos de la extrañeza. Reclama todo con un abrazo de espada brillante y terrible, combatiendo la fatalidad del pensamiento. Arena de miel, tu forma.

Abandona las persianas observadoras del palpito. Vestigios de nuestras piedras en el fondo sondable descansan. Antes que las banderas y los pueblos, hemos sido ¿Dónde está la muerte, amor? sino el olvido.


Rauli

Apocalípticas del sueño

Marioneta de Papel

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