Ciencia Ficción en Chile, de la Literatura al Cine.

Marcelo Novoa, aporte adicional por Rauli

Abstract

 

   El siguiente artículo tiene como objetivo recorrer la cronología del género de ciencia ficción en Chile (CF). Recopilando antecedentes puntuales sobre las obras en el transcurso del tiempo. Esta cronología no contempla una visión absolutamente completa de la narrativa, pues siempre queda fuera un listado de obras y autores, a quienes se debe hacer justicia leyendo o visionando.

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La Ciencia Ficción (CF) en Chile tiene sus orígenes a finales del siglo XIX con la publicación de los libros El espejo del mundo (1875) del inglés Benjamín Tallman y Desde Júpiter de Francisco Miralles. Posteriormente y durante el siglo XX, numerosos autores aportaron de alguna forma con este subgénero literario, entre ellos Pedro Sienna y Ariel Dorfman. Sin embargo, no fue hasta la década de 1950, con la publicación de Los altísimos de Hugo Correa, que la ciencia ficción chilena no fue realmente considerada. En el siglo 21, el mayor sitio de difusión de la literatura de ciencia ficción en Chile es probablemente Puerto de Escape, espacio creado por el conocido escritor Marcelo Novoa y en el cual colaboran destacados especialistas en la materia como Sergio Meier, Luis Saavedra, Sergio Amira, Raúl Martínez, Marisol Utreras, Alexis Figueroa y Roberto Pliscoff (este último, poseedor de la mayor biblioteca de Ciencia Ficción chilena). En la actualidad, los libros más destacados son los de Jorge Baradit (autor de Synco e Ygdrasil) y Francisca Solar (autora de La séptima M).

La Ciencia Ficción (CF), tiene al menos un centenar de títulos y autores en Chile. Aventura que la mayoría ni siquiera ha hojeado. Hombres y mujeres que traen informes desde universos paralelos que aguardan por nosotros. Mauricio Novoa nos aclara que el rótulo de Ciencia Ficción al cual se le atañe este tipo de literatura fantástica, es una denominación cada vez más añeja, pero aún efectiva. Y aunque la mayoría de sus obras maestras trate de los peligros del futuro o suceda en parajes extraterrestres. No son necesariamente ni todas, ni las mejores de estas ficciones especulativas con base científica, divertimentos para adolescentes descerebrados. Sino por el contrario, representan gritos de alerta crítica con sus visionarias utopías. Mucho de ese equívoco es producto del cine norteamericano con sus guerras interplanetarias sin contexto y desastres medioambientales inverosímiles, que buscan encender en los lectores un morbo fácil y pasajero.

La literatura fantástica es la matriz de gran parte de la mejor literatura escrita en Chile; pero los críticos, de toda época, con su resignación ideológica tan cuerda, nos han hecho creer lo contrario. Y por ello, el realismo costumbrista, luego, el criollismo, y actualmente, un periodismo desechable socavan la fantasía creadora, difundiendo vulgaridad y superficialidad entre los escasos lectores.

Cronología del Relato Fantástico en Chile (1778 = 2006), las influencias.

   1778. L’An deux mille quatre cent quarante, de Louis Sebastian Mercier, fue la primera influencia proveniente de Francia y una de las tantas obras prohibidas y posteriores del autor, que fue un ferviente seguidor de Rousseau, y quien en 1770, publica la ucronía L’An 2440 (Amsterdam, 1770, 3 vols.) que reveló la sensibilidad de Mercier ante su tiempo, al proponer algunas evoluciones en educación, moral y política que habrían de darse, algunas, poco después en la Revolución francesa. Esta obra nada original pero curiosa, fue prohibida por la autoridad (y también en España, más tarde); se recuerda porque marca un cambio en la literatura utópica, al sustituir el ‘espacio’ imaginario habitual por el ‘tiempo’ imaginario, pensado a partir de la Francia de esa época. Supone un viaje soñado, en el que el autor aparece 700 años después, y se encuentra en un mundo cambiado. Sin ser original, plantea reiterativamente la idea de historia-progreso, apareciendo en el año 2440, en un París profundamente transformado, donde se han limado todas las costumbres habituales.

   1875. El espejo del mundo o El espejo del futuro, atribuida al autor inglés David Tillman o Benjamín Tallman, según distintas investigaciones, es la primera del género en ser publicada en Chile.

    1878. Desde Júpiter,  deFrancisco Miralles. Ingenioso sueño de la visita a otros mundos “por un santiaguino magnetizado”. Así, cerramos este período de palio ciencia-ficción chilena, como tan acertadamente la tildara, Roberto Pliscoff. Donde además podríamos agregar las obras Ocios Filosóficos y Poéticos en la Quinta de las Delicias (1829) de Juan Egaña, editada en Londres, donde se vaticinan descubrimientos y adelantos aún lejanos para nuestro presente. Y Don Guillermo (1842), de José Vitorino Lastarria, que permite atisbar en mundos paralelos comunicados por la Cueva del Chivato. Esta novela que ha sido leída exclusivamente en clave de alegoría política (pelucones y pipiolos enfrentados a muerte) todavía espera que algún crítico lúcido la reclame como la perfecta obra inaugural de nuestra literatura fantástica

   1913. Cuentos Fantásticos, Alberto Edwards. Sus relatos fueron publicados en la revista “Pacífico Magazine”, entre los años 1913 a 1921, a cargo del escritor Alberto Edwards y editada por Zig-Zag.  Sus páginas estaban llenas de cultura, se editaba en muy buen papel, y estaba profusamente ilustrada con fotografías, dibujos e ilustraciones.  También incluyó ficción y poesía, tanto de autores nacionales como extranjeros. En cuanto a la CF, publicó al menos una obra de Wells, Los primeros Hombres en la Luna, pero también otras obras que son de nuestro interés y que fueron escritas por chilenos.  El mismo Alberto Edwards, pero usando el seudónimo de Miguel de Fuenzalida, escribió una serie de relatos tanto policiales, con el detective Román Calvo, como de CF, en un ámbito más cercano a la política-ficción (un tema que Edwards manejaba muy bien).  Ambos series de relatos han sido reeditados luego en libros: Cuentos Fantásticos se llama la una, y Roman Calvo, el Sherlock Holmes chileno, la otra.

1927. Tierra firme, R.O. Land, seudónimo de Julio Assman. novela utópica escrita para calmar los miedos de la Gran Guerra. También tenemos El Dueño de los Astros (1929) de Ernesto Silva Román, relatos recopilados donde comparecen los peligros de la tecnología, envueltos en fantasiosas tramas futuristas. Alberto Edwards, por su parte, crea un súper agente panamericano Julio Téllez, quien lucha contra la opresión norteamericana, con certera premonición política.

   1932. Thimor, Manuel Astica.  inauguró en nuestras letras, el mito de La Atlántida. Tópico que se bifurcará hacia la mítica Ciudad Áurea, El Dorado, perseguido incansablemente por los conquistadores, como se puede leer en Pacha Pulai (1935) de Hugo Silva, un verdadero clásico juvenil de las aventuras del Teniente Bello. Mito que vuelve a reaparecer en La Ciudad de los Césares (1936) obra primeriza del gran Manuel Rojas, seguida de otra vuelta de tuerca utópica, En la ciudad de los Césares de Luis Enrique Délano, escrita en 1939. La taberna del perro que llora (1945) reúne historias fantasmagóricas y suprarreales de Jacobo Danke. Un libro divertido y sorprendente, El caracol y la diosa (1950) de Enrique Araya, una provocativa novela de humor ácido, situando sus peripecias veintitantos siglos en el futuro. Una verdadera joya de fantasía y lirismo, es la colección de cuentos La noche de enfrente (1952) de Hernán del Solar. Y no debiéramos dejar de mencionar Un ángel para Chile (1959) del cronista Enrique Bunster, una sátira sociopolítica muy actual.

   1951. Los Altísimos, Hugo Correa. Este autor realiza una labor silenciosa y notable, sumando novelas y relatos de CF durante 40 años, que merecen el elogio internacional y el ninguneo local. Hugo Correa (1931 – 2007) se adelantó a clásicos yanquis como Larry Niven (Mundo Anillo, 1963) y Arthur C. Clarke (Encuentro con Rama, 1973) al describir un planetoide artificial en plena efervescencia social, sin soluciones facilistas y con acabadas descripciones sicológicas. Luego vendrá El que merodea en la lluvia (1962), donde enrarece un ambiente rural con la presencia del monstruo extraterrestre de rigor; Los títeres (1969) que reúne cuatro relatos acerca de robots y sus amos. Para llegar a su novela breve, Alguien mora en el viento, incluido al final de la colección Cuando Pilato se opuso (1971). Más tarde, en Los ojos del diablo (1972) vuelve a incursionar en una variedad del realismo mágico de terror ambientado en el campo chileno, fórmula que repite en Donde acecha la serpiente (1988) esta vez, con la figura del mismísimo Lucifer como antagonista. Sólo las reediciones de Los Altísimos (73 – 83) asaltan solitarios el paisaje desolado y apolítico de esa década dictatorial. Entonces, publicará El Nido de las Furias (1981) que es su aporte a las distopías autoritarias tan queridas por el género. Y con La corriente sumergida (1993) que contradictoriamente, cierra su ciclo novelesco con un retorno a su infancia y adolescencia, a través de la narrativa realista de cierta picaresca santiaguina, propia de los autores de la Generación del 50.

   1967. Los Superhomos, Antone Montagne. Sin recepción de crítica ni valoración alguna. No así en España, donde Domingo Santos, y su respetada revista Nueva Dimensión, lo saludan como digno continuador de Hugo Correa. Se despide del género con un perfecto libro de cuentos No morir (1971). Debido al exilio, variados autores publicaron sus obras alejados de sus lectores naturales. Ariel Dorfman y La última canción de Miguel Sendero (1982), una novela futurista-experimental que describe una dictadura total. Otro notable adelantado en política-ficción es Francisco Simón Rivas y El informe Mancini (1983). Otro autor, interesantísimo, es Claudio Jaque, quien publica dos textos primordiales del período, su novela El ruido del tiempo (1987) perfecta cruza de CF clásica, con recursos del cómic underground. Y sus cuentos, que revisitan escenarios y personajes suyos: Puerta de Escape (1991). Aunque dentro del país -durante la Dictadura- se publicó poco, sí existieron autores dignos de mención. Las novelas: El dios de los hielos (1987) y Vagamundos (2001) de Carlos Raúl Sepúlveda, son propiamente CF secreta.

   1997. Flores para un Cyborg, Diego Muñoz. Uno de los mejores ejemplos de CF “dura” y política, muy bien escrita. Ahí se cuenta la historia de un científico experto en robótica, Rubén Arancibia, que después de pasar varios años exiliado regresa a su país, Chile, acompañado de Tom, cyborg que ha construido a su imagen y semejanza. Pese a haberse convertido en un país democrático, en el Chile que el protagonista se encuentra permanecen latentes los vicios de la anterior dictadura. Entre la nueva hornada de escritores fantásticos resaltan: Oscar Barrientos, con El diccionario de las veletas (2002); Jorge Baradit, con Ygdrasil (2005), novedoso cyber-chamanismo; Teobaldo Mercado Pomar con sus cuentos setenteros, Bajo un sol negro (2005); La Séptima M (2006) de la juvenil autora, Francisca Solar; El número Kaifman tecno-thriller esotérico de Francisco Ortega; y quizás, el más destacado, Sergio Meier, con su novela Steampunk o retrofuturista.

   2006. Años Luz, Marcelo Novoa. Mapa estelar de la Ciencia Ficción chilena, verdadera historia y antología de un género de larga data en nuestras letras y que, además, ha tenido -y tiene- enorme cantidad de talentosos exponentes, injustamente olvidados (incluso ignorados) por la historiografía literaria chilena.

La Narrativa Fantástica de Hugo Correa, la palabra Marciana.

El escritor y periodista Hugo Correa fue un pionero de la literatura de ciencia ficción en Chile, así como uno de los exponentes más destacados de este género literario, que cuenta entre sus principales cultores al británico H. G. Wells y al estadounidense Ray Bradbury. La presencia de seres extraterrestres de inteligencia escalofriante, de objetos voladores no identificados y del mal como una fuerza demoníaca son algunos de los temas recurrentes en su obra, que alcanzó una importante difusión nacional e, incluso, el reconocimiento internacional de los aficionados al género. Hugo Correa -quien llegó a ser presidente de la asociación UFO Chile- nació el 24 de mayo de 1926 en Curepto, Región del Maule. Comenzó sus estudios en el Liceo de Curicó y los continuó luego en el Internado Barros Arana. Más tarde cursó dos años de Derecho en la Universidad de Chile, hasta que decidió dedicarse a la literatura y el periodismo, actividad en la que se inició como colaborador del diario El Mercurio en el año 1947. Posteriormente fue redactor del diario La Nación y columnista en las revistas Ercilla y Paula. La fascinación por imaginar historias asombrosas y la obsesión por lo desconocido lo acompañaron desde la infancia. En 1951, Hugo Correa publicó su primera novela, Los Altísimos, la que fue reeditada y aumentada en 1959. Su debut literario tuvo una buena recepción de la crítica y la novela se hizo merecedora del Premio Alerce de ese año. También en 1959, Correa publicó su relato Alguien mora en el viento, que narra la aventura de dos astronautas en los islotes vegetales de Venus, por el que ganó en 1960 el Premio del Concurso Nacional de Cuento del diario El Sur. Un año más tarde publicó su novela El que merodea en la lluvia, sobre sucesos paranormales ocurridos en el sur de Chile. A fines de la década del sesenta Correa participó en el Writers Program de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos. Allí su trabajo fue presentado por el propio Ray Bradbury en una de las más prestigiosas publicaciones especializadas de ciencia ficción, The Magazine of Fantasy and Science Fiction, cuyo editor científico era Isaac Asimov. A su regreso, publicó las colecciones de cuentos Los títeres en 1969 y Cuando Pilato se opuso en 1971. Años más tarde, se editaron El nido de las Furias (1981) y Donde acecha la serpiente (1988). A pesar de su fama como cultor de la ciencia ficción, Hugo Correa cultivó también otros estilos literarios: escribió tres obras teatrales El diablo en la cabaña”, “La señora Laura no vive aquí” y “La trampa en el jardín– y una novela realista, La corriente sumergida, publicada en 1992. Numerosos relatos suyos han sido recopilados en antologías españolas, inglesas, norteamericanas e, incluso, japonesas. Asimismo, sus trabajos han aparecido en revistas como International Science Fiction, Nueva Dimensión de España -que publicó un número especial sobre el autor chileno en junio de 1972-, Norte de Holanda y Cuadernos del Sur de Argentina.

De todos los infiernos posibles para ser habitados por un escritor de talento, pareciera ser que la CF en Chile es una variante etérea, pero no menos categórica. Un género casi sin precursores, y aún más, con discípulos que le reconocerán tarde, mal o nunca, en un país tan poco dado a la diversidad, la tolerancia o siquiera, la curiosidad, sitúa a Hugo Correa, hoy, tras su fallecimiento, como un renegado de su propio futuro, viajando siempre, en una órbita de colisión con nuestra realidad.

Alejandro Jodoroswky “El INCAL”, y el caso del Cine de Ciencia Ficción en Chile.

El Incal, también conocida como La Saga de los Incales o Las Aventuras de John Difool, es una historieta de ciencia ficción realizada desde 1980 a 1988 por el guionista Alejandro Jodorowsky y el dibujante Moebius. Con más de un millón de ejemplares vendidos, traducido a más de veinte idiomas, y reeditado innumerables veces (tres, en España) es el cómic europeo más divulgado de la Historia del cómic desde 1980 hasta la actualidad.

Al Universo del Incal de Alejandro Jodorowsky, Moebius, Juan Gimenez y Janketov, corresponden seis volúmenes más tres sagas posteriores que completan la obra.  El Incal surge como respuesta ante la frustración de verse cancelada la propuesta de adaptación del libro “Dunas” de Frank Herbert al cine, con un gran equipo ligado a las artes visuales y al cómic, Jodorowsky plantea llevar a cabo el proyecto igualmente, pero a través del comic, es así como nace El Incal. Junto con diversos dibujantes de alta talla mundial logra explorar cada elemento del universo, con personajes intensos, guiones poéticos, y con fuertes guiños a la guerrilla literaria chilena. Estas sagas pueden leerse por tomo, todo junto o por separado, cada versión del universo Incal es único.

En su argumento, John Difool es un detective de poca monta que con la ayuda del extraño pájaro que tiene como compañero será capaz de moverse en el terreno de la metafísica. Sus indagaciones les llevarán por un mundo de aventura heroica y símbolos en el que el objetivo será alcanzar la realización personal a través de la iluminación. (…) En su viaje iniciático pasará por diferentes etapas, primero deberá encontrar su valor interior y encontrar a sus aliados, con los que será testigo de una revolución contra la nobleza (El incal luz), visitará el centro del planeta (Lo que esta abajo) y seducirá a una reina alienígena para evitar una guerra intergaláctica (Lo que esta arriba).

En 1974 el director Alejandro Jodorowsky fue elegido para llevar al cine la adaptación de ‘Dune’, una emblemática novela de ciencia ficción escrita por Frank Herbert. El proyecto fue apoyado por inversionistas privados y celebridades entre las que se encontraban músicos de rock (John Lennon) y pintores famosos; todos dispuestos a donar para el realizador chileno que en ese momento gozaba de fama y reconocimiento internacional. Con el apoyo de sus amigos famosos Jodorowsky reunió 9.5 millones de dólares, una cifra descomunal para los presupuestos de la época. Con ese dinero se propuso filmar la película más ambiciosa y demoledora en la historia del cine: “un filme que causará el mismo efecto alucinógeno del LSD , durará 10 horas y se dividirá en tres capítulos” adelantó el cineasta a los diarios de la época.

La pre-producción de ‘Dune’ es legendaria; Jodorowsky gastó 2 millones de dólares para contratar a los que consideraba la gente más talentosa del mundo, entre ellos: Pink Floyd (realizarían la banda sonora), Salvador Dalí (encargado de la creación del castillo donde vive el protagonista de ‘Dune’), Jean “Moebius” Giraud (diseño de naves y transportes tecnológicos), H.R. Giger (diseño de criaturas y personajes), Orson Welles (asesoría técnica y actuación), Dan O´Bannon (co-guionista) y Douglas Trumbull (encargado de los efectos especiales).

La película nunca se filmó, los inversionistas y productores se espantaron al descubrir la rapidez con la que Jodorowsky se gastaba el dinero ya que el 30% del presupuesto se había ido tan sólo en gastos de creación de conceptos, música, guión y arte; la filmación todavía estaba lejos por lo que decidieron cortar el apoyo, despedir al director y vender los derechos a otros productores interesados. Después del fracaso de ‘Dune’, los convocados por Jodorowsky siguieron trabajando en otros proyectos inspirados en los temas y estilos sugeridos por el director y cambiaron el cine de ciencia ficción para siempre; H.R. Giger participó en ‘Alien’, Jean “Moebius” Giraud diseñó el mundo tecnológico de ‘Blade Runner’ y Dan O´Bannon escribió el guión de la animación de culto ‘Heavy Metal’.

Alejandro Jodorowsky intentó dirigir la película más ambiciosa en la historia del cine, un proyecto que nunca se concretó y cuya historia se ha convertido en todo un hito que ahora inspira la creación de un documental llamado ‘Jodorowsky´s Dune’, una producción que buscará esclarecer los hechos, recuperar el proceso creativo y mostrar más de lo que pudo ser.

Aparte de este connotado lapsus jodorwskiano, en Chile,  la minúscula industria local ha generado Causto del director Álvaro Pruneda, considerada la primera película de ciencia ficción nacional. También es destacable el cortometraje “Renacimiento” de Inti Carrizo, que ambientado en el universo de Star Wars recibió el premio Audience Choice Award Lucasfilm SWFMC 2010, otorgado por la empresa Lucas Film. Posteriormente son destacables Solos de Jorge Olguín y Chile puede de Ricardo Larraín, que aunque es una comedia, cuenta la historia del primer astronauta chileno en el espacio, interpretado por Boris Quercia. Como podemos ver, el género en si, es aún inexplorado y seguirá siendo un desafío para la industria cinematográfica y audiovisual chilena.

Niño Azul

Rauli

Primer libro de cuentos del autor inédito Rauli, pseudónimo naturalista del joven realizador Roberto Aymani quien con una mezcla de ucronía y mitología antigua en su relato, nos plantea una historia fantástica dividida en tres relatos. El primer cuento llamado Udumbara, cuenta la historia de dos niños Amdo y Kham, quienes deberán peregrinar hasta un templo movidos por la sequía que azota a la región del ciervo. El segundo cuento, llamado La Pagoda Blanca, cuenta la historia de una  niña llamada Purusha, quién vive a cargo de su abuela Prakriti, hasta que cumple su mayoría de edad y decide subir al monte Meru en busca de las respuestas que antaño anhelaran sus padres. Finalmente, el libro remata con el cuento llamado El Viaje de Latif, una historia  que nos relata las proezas de un hombre, quien movido por la necesidad de encontrar a Farah, atraviesa los mares encontrando el peligro y la aventura final.

“Para mi, escribir este librito ha sido una experiencia equivalente a un Yidam o la descripción de un estado interior, así como un método para comprender ese estado.’’

Referentes Bibliográficos

= Memoria Chilena, Literatura de ciencia ficción en Chile.

= Biblioteca junto al Mar, Ciencia Ficción en la revista Pacífico Magazine.

= Comentario literario: “Cuentos Asombrosos”, Alberto Edwards, 1957.

= CHILE FANTÁSTICO (1810 – 2010), por Marcelo Novoa.

= 10 Obras imprescindibles de ciencia ficción chilena, por Emiliano Navarrete, noviembre 2011.

= Años Luz, de Marcelo Novoa.

= La Saga de los Incales, por Francisco José Súñer

= Dune, la película de Jodorowsky que no fue, por Jorge Báez.

= Niño Azul, por Rauli.

 

Marioneta de Papel

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