Rauli

Cauzulor

Reclamo la pertenencia de tus ojos, que se enfrentan, en distintas eras, a los vientos conquistadores de las direcciones del mar. Contemplativos bosques sobrevivientes de un viaje inseguro.

A un costado del ciprés, el aromo, el Arrayán. Una palabra que cae de otro árbol, cuando el viento nace, cuando el viento crece. ¿Acaso puede un pueblo sobrevivir sin la palabra? Habla el gran viento Ckuri, interpelando a los hombres libres, cuando se despliegan lenguas multicolor, que todo condensan, todo disipan.

Como persuadirte de la magnitud natural, pequeño, escucha. La ilusión aparenta formas fantásticas, otro radio es la inmensidad, cuando florece sabia, la tierra viva.

Reconoce a tiempo la vida, como yo reconozco el terror o la barbarie. Hay quienes sofocan el pulso de las palabras. Levanta tu intuición más nata, donde sea que te encuentres, analista del tiempo. Sobreponte al miedo, con mirada de proeza intangible.

Cambia la dirección del viento, el puma sigiloso desciende, nos acompaña.

II

La ignorancia es para algunos del todo negativa, grandilocuente búsqueda el conocimiento, lucidez inexorable. Mejor la intuición inofensiva, desentrañando la mortandad que llevamos dentro.

Hay una degeneración en el pensamiento, la verdad un oportunismo; fuera del registro de la voz. Ante la indagatoria, farsas con símil de certezas, ante el sufrimiento, artefactos de pomposidad y hedonismo. Imperio abrupto, sin tiempo para el misterio de la vida. 

Atrás la tierra de mis ancestros, lo sagrado en los elementos. Es mi piel una lava curtida, en el valle los corderos de mi padre pastan ¡madre mía! Demonios danzan.

La espera termina, hojas que se pagan en manda, matiz cálido de altura y desolación duermen.

Vértigo es la orilla volcánica, gigantes planetarios nos observan, humos y ¡hayes! Te dedican este canto, llamado cauzulor, de la lengua nuestra. Respeto a los antepasados que nos protegen, curativa mente.

III

Me declaro facción que se redime, atravesado el umbral. Habito una franja que no reconoce raíces, y en el orbe la cosa no es mejor. Soy Igual a todas las especies y anhelo ver la semilla crecer, suavidad de una mano, risa de niños.

Nos quieren culpar por pertenecer al origen. Voy ausente, en la lejanía natural y pasiva. Vuelvo a éste punto, derribo artilugios con el Waki. Pido perdón por todas mis ofensas y las de aquellos que desconocen el camino antiguo. Danzo círculos alegres, en la frontera de mi corazón. Suenan instrumentos, igual al  viento y todas las aguas.

 

Rauli

 

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